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Cultura · 5 min de lectura

Por Ramiro Del Rio

Por Qué los Cocos de San Blas Tienen Dueño

Palmeras de coco sobre una playa de arena blanca sin gente

En San Blas cada cocotero tiene dueño, aunque esté en un cayo donde no vive nadie. Los cocos son la cosecha de una familia Guna y una de las fuentes de ingreso más antiguas de la comarca, así que no se recogen ni se abren sin permiso. Si quieres uno, se pide y se paga.

Un cayo vacío no es un cayo sin dueño

Desde la playa, muchos cayos parecen tierra de nadie: arena, palmeras y ni una casa. No lo son. Según la Encyclopedia of World Cultures, en su entrada sobre el pueblo Guna, los cocotales están en la costa de tierra firme o en islas deshabitadas, y pertenecen a una persona o a un grupo de familiares que descienden de un mismo antepasado y los trabajan juntos.

Esos derechos se heredan de generación en generación, y con ellos la palmera concreta. Por eso alguien puede saber exactamente de quién es cada árbol de un islote donde no duerme nadie. Y por eso, aunque no veas a nadie, un coco caído en la arena es la cosecha de alguien.

Además, toda la comarca es territorio colectivo del pueblo Guna desde 1938: nadie de fuera puede comprar tierra ahí. Lo explicamos al hablar de cuántas islas hay y cuántas están habitadas.

El coco como economía

Se dice a menudo que el coco era «la moneda» de San Blas. Lo más exacto es que fue, durante generaciones, la mercancía con la que se pagaba.

La misma enciclopedia recoge que los Guna comercian cocos con barcos colombianos al menos desde finales del siglo XIX, y que los cambian por azúcar, arroz, cacao o dinero. Durante mucho tiempo la exportación de coco a Colombia fue la fuente de dinero en efectivo más común de la comarca. Hoy comparte ese papel con las molas y la langosta, que tiene su propio calendario, como contamos en los meses en que no se pesca langosta.

El investigador Guna Geodisio Castillo describe cómo, a mediados del siglo XX, la compra de cocos en efectivo empezó a sustituir al trueque dentro de la comarca. El coco pasó de cambiarse por mercancías a venderse por dólares, y muchas familias orientaron sus cultivos hacia él.

Hay un detalle que dice mucho de cómo funciona: según la enciclopedia, hombres y mujeres siembran, limpian y cosechan, pero son normalmente las mujeres de cada casa quienes se encargan del intercambio, de vender el coco o cambiarlo por bienes.

Por qué no se coge ni se abre sin permiso

Coger un coco en San Blas no es como coger una concha. Es llevarse una parte de lo que una familia vende o cambia por arroz, azúcar y lo que la isla no produce. Uno solo parece poco. Multiplicado por los visitantes que pasan por un cayo en un día, deja de serlo.

Hay también una razón de respeto más simple: estás en el territorio de otro pueblo, con sus propias reglas, y las decisiones sobre la tierra y lo que produce no son del visitante. Las reglas de la comarca las ponen sus autoridades, no el operador del tour; si quieres entender cómo, lee quién manda en Guna Yala y cómo se decide.

En la práctica, esto significa:

  • No trepar a las palmeras ni sacudirlas para que caigan cocos.
  • No recoger los que están en el suelo, aunque parezcan abandonados.
  • No abrirlos con piedras o machetes que encuentres en la isla.
  • No llevarse cocos secos de recuerdo en la maleta.

Cómo comprar un coco

Lo normal en las islas que reciben visitantes es que alguien de la familia que las cuida venda cocos para beber. Basta con preguntar.

  • Pregunta a quien lleva la isla o a quien atiende la cocina. Si no lo venden, te lo dirán.
  • Lleva efectivo en billetes pequeños. En las islas no hay cajeros ni datáfonos, y un billete grande puede no tener cambio.
  • Déjales abrirlo. Lo hacen con machete y con una práctica que no tiene sentido intentar imitar.
  • Pregunta antes de llevarte la cáscara o tirarla en cualquier sitio: en las islas no hay recogida de basura.

Un «gracias» en su idioma se agradece; aprende un par de expresiones en palabras en guna que te servirán en el viaje. Y si te interesa ver de cerca la vida de una comunidad, más allá de los cayos de playa, el tour Miryadup: Cultura Guna Express incluye esa visita. Para el contexto general, nuestra página sobre la comarca de Guna Yala explica qué significa su autonomía en el día a día.

Preguntas frecuentes

¿Se pueden coger cocos en San Blas? No sin permiso. Cada cocotero pertenece a una familia Guna, incluso en los cayos deshabitados, y los cocos son parte de su ingreso. Si quieres uno, pregunta a quien lleva la isla y cómpralo.

¿De quién son los cocos en una isla deshabitada? De una persona o de un grupo familiar que hereda los derechos sobre esas palmeras. Que no viva nadie en el cayo no significa que no tenga dueño.

¿Es verdad que el coco era una moneda en San Blas? Más que una moneda, fue la mercancía con la que se pagaba. Los Guna comercian cocos con barcos colombianos desde finales del siglo XIX, a cambio de azúcar, arroz, cacao o dinero.

¿Cómo compro un coco en San Blas? Pregunta a la familia que lleva la isla o a quien atiende la cocina, y paga en efectivo con billetes pequeños. Ellos lo abren; no conviene intentarlo por tu cuenta.

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